La minería chilena frente a la encrucijada de la Geociencia de Datos
Por Arturo Rochefort.
Publicado en Minería Chilena.
El futuro ecológico y económico del país depende, en parte, de que logremos extraer de manera más inteligente los minerales que están cada vez más ocultos.
Durante más de una década, Chile ha sido escenario de una revolución silenciosa en el descubrimiento de sus recursos minerales, esenciales tanto para su economía como para la transición energética global. Recuerdo con claridad hace 16 años, mientras perforábamos bajo tierra en la Región de Coquimbo, cómo el instinto se hacía cada vez más protagonista en lo que debían ser decisiones basadas en datos. La información geológica era vasta y compleja, y simplemente no dábamos abasto para procesarla completa. Fue allí donde nació una convicción que ha guiado nuestro trabajo desde entonces: necesitábamos una nueva forma de obtener conocimiento concreto a partir de la data.
Esa visión fue adquiriendo forma y nos aventuramos en el mundo del Geociencia de Datos: una metodología que convive con la Inteligencia Artificial y el Machine Learning para revelar las relaciones ocultas entre capas de información geocientífica. Hoy, con más de una década de experiencia, hemos comprobado que esta herramienta no sólo es útil, sino transformadora. Aplicar la Geociencia de Datos (término que acuñamos a esta disciplina híbrida) ha permitido aumentar entre 1.5 y 4 veces la eficacia de las campañas de exploración, reduciendo significativamente el número de sondajes, el tiempo de trabajo en terreno y los costos operacionales. En una industria donde cada metro perforado cuenta, este impacto no es menor, es un imperativo.
Sin embargo, introducir innovación en una industria tan tradicional como la minería ha sido un desafío en sí mismo. La Inteligencia Artificial y el Machine Learning no siempre generan entusiasmo. En muchos casos, se perciben como amenazas o modas pasajeras sin aplicación concreta. Por eso, nuestro enfoque ha sido claro: demostrar con resultados medibles y creíbles que esto funciona. La narrativa espectacular del marketing no basta; lo que convence es la efectividad comprobada en terreno.
Este camino también nos ha enseñado que la adopción de la Geociencia de Datos no depende de una sola parte. Las empresas tecnológicas debemos presentar soluciones aterrizadas, que hablen con datos y no con promesas vacías. La industria minera, por su parte, necesita reencontrarse con su espíritu científico, abrirse a la experimentación y abrazar nuevas metodologías con la misma rigurosidad con la que estudia la tierra. Y, finalmente, el Estado debe asumir un rol articulador: fomentar la colaboración entre tecnología, ciencia y producción, y crear un entorno donde la innovación aplicada tenga espacio para crecer y consolidarse. El futuro ecológico y económico del país depende, en parte, de que logremos extraer de manera más inteligente los minerales que están cada vez más ocultos.
La Ciencia de Datos y la Inteligencia Artificial no son una amenaza. Otorgan una oportunidad concreta para que Chile lidere una nueva era de minería: más precisa, más rentable y más responsable. Nuestro compromiso es seguir abriendo camino con tecnología propia, probada en terreno, para que el país no sólo descubra más rápido sus riquezas, sino que lo haga cuidando el entorno y optimizando sus recursos. El momento es ahora. Y la ruta, aunque desafiante, ya está trazada.